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Mi primer parto. BigPadawan

Justo un mes antes de dar a luz a mi primer hijo, pensé que sería una gran idea sacarse el carnet de conducir (algo que llevaba posponiendo desde los 18 años), en una ciudad desconocida, con los pies hinchados y una barriga que ni la de Falete. Fue el primer regalo que recibí por mi maternidad.

No había pasado una semana cuando me vi, con más barriga aún, llevando en coche a Anakin, padre de la criatura, al hospital. Diagnóstico: apendicitis, operación de urgencia.

Un panorama estupendo, vernos caminar era un poemica, Charlot y su primo el cojo. Uno con la barriga cosida y la otra con andares de “tengo un bebé encajado en la pelvis”

A todo esto ya era mayo, quedaban tres semanas para salir de cuentas y estábamos en Madrid, lejos de familia y amigos. Nuestra idea era dar a luz en Granada, pero la recomendación médica postoperatoria era que nada de coche. Y yo ni de coña marinera iba a conducir, ya había tenido bastante con ir y venir del hospital.

Después de maldecir todo lo maldecible, y de tener a Anakin entre algodones unos días, los médicos nos dieron permiso para viajar, parando mil y tal.

Un día antes de la FPP (fecha probable de parto), después de dormir como una reina, bajé a desayunar y al sentarme “Coñ* que me meo!”, “Coñ* que no llego al baño!” Nueve de la mañana, bolsa fisurada.

Ducha, a maternidad, monitores, parto iniciado.

La sala de dilatación era una fiesta, chiste va chiste viene. Yo estaba como una rosa, alguna leve molestia periódica, que, luego deduje, eran contracciones.
“Esta es primeriza, no pare hasta mañana!” debieron pensar. Sumado a que yo no me quejaba y a que, por tener la bolsa fisurada, el riesgo de infección era mayor cuando me revisaban los bajos; allí no venía a verme el toto ni el tato.

Y nosotros seguíamos chiste va chiste viene:
“Cómo vais?” Preguntaban desde el mundo exterior.
“Parece que la cosa se dilata, jajjajaja, me parto”. Contestaba yo.

Hasta que​ de pronto, a las cuatro de la tarde me partí de verdad. Pasé de llorar de risa a llorar suplicando la epidural, esa que tan claro tenia que NO iba a pedir 🙄

La exagerada esta, acaba y de empezar y ya no puede más. Media hora tardé en convencerles de que me pusieran la anestesia.

-Bueno, vamos a mirar cómo vas y si eso vamos preparando la epidural.

Si habéis leído el parto de MicroPadawan no os extrañará lo que pasó a continuación.

-Rápido a paritorio!!!- gritó el matrón nervioso – Ya viene!

Su reacción desde luego no tranquilizó a nadie. Quitó el freno a la cama, y tan apresurado iba que se llevó por delante la papelera y los cantos de la puerta de la habitación.

Mi sino es parir a la carrera por los pasillos…

Cuando llegamos a la entrada de paritorios, el matrón dijo a las abuelas que tenían que esperar allí, y a Anakin le casi tiró una bata, un gorro y unos patucos de quirófano.

-Ponte esto!- y siguió corriendo dejándole atrás desconcertado.

Cuando por fin me aparcaron la cama en el paritorio se presentó la matrona.

-Soy Blanca y voy a acompañarte (…;) Y aquí dejé de escuchar, un halo brillante surgió alrededor de la matrona y suspiré de alivio. Ya me habían hablado de ella mis médicos de Madrid, estaba segura de haber caído en buenas manos.

A todo esto, el padre de la criatura andaba, envuelto en plástico, perdido por los paritorios. Hasta que decidió abrir puertas a diestro y siniestro y cruzar los dedos para no meterse en el parto equivocado.

En la siguiente hora me moví más que en todo un año: que si de pie, que si en la silla de parto, que si en cuadrupedia, tumbada ya con el niño en brazos. Tanto meneo hizo que se me pasara bastante rápido.
La matrona era una cachonda mental y eso también ayudaba mucho.

Fue tan estupendo el parto que mi primer comentario como madre, antes incluso de alumbrar la placenta, fue “pues no es para tanto!” 😅

-Ahora os vamos a dejar un par de horitas para que os relajéis y….(algo distrajo a la matrona)
-Anakin, esa es tu madre?- dije yo señalando a los ventanales que separaban las salas del pasillo de paritorios.

Si, mi suegra pegada al cristal con las manitas a los lados de la cara, tratando de ver si estábamos dentro. La limpiadora le había abierto la puerta del pasillo y se había colado.

Así que la abuela conoció a BigPadawan minutos después que nosotros.

Y así fue como me convertí en madre. Y si no fuera porque este relato lo he escrito a raticos durante una semana, me habría dado una “jartá” de llorar estupenda, llanto de alegría y llanto de nostalgia. Me pasaría la vida viviendo en bucle aquel día 😊

3 Comments

  1. Ya había leído el parto de micropadawan y flipe (por comparación con el de Loki) y este 3/4 de lo mismo, parece que se te escaparan maja… me alegra que fuera tan bien oye, firmaba por uno así para mi siguiente retoño (imaginario, no hay ninguno en el horno).

  2. Tienes un chichi elástico tú. Qué envidia. Yo el primero ya leíste que fue la muelte. Menos mal que con el segundo me he resarcido mogollón y he hecho un Amidala 😜😜😜

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